La importancia de saber diferenciar lo que quieres de lo que necesitas

Necesito que llames a este cliente, necesito que entres una hora antes, necesito que me mandes un email; necesito…(pon aquí lo que te parezca).

Aún recuerdo la perplejidad con la que me quedé cuando en la consulta de una especialista me demostraron hasta qué punto nuestro cuerpo y mente están conectados, atendiendo al lenguaje que empleamos en todo aquello que hacemos. La prueba era realmente sencilla:

Durante un minuto tenía que repetir con el brazo extendido «soy un hombre fuerte y capaz». Así una y otra vez… pasado el minuto, la especialista intentaba bajarme el brazo con todas sus fuerzas y le era imposible. Ahí estaba yo, aguantando como un campeón.

A continuación, me solicitaba que hiciera lo mismo, pero en esta ocasión tenía que decir «soy débil e incapaz» una y otra vez durante un minuto. Sin hacer apenas esfuerzo, la especialista me hace bajar el brazo y a mí me era imposible aguantar.

No salía de mi asombro ¿Cómo es posible esto? haz la prueba, te sorprenderás.

«Nuestro cuerpo nos escucha» y los que nos rodean también.

La respuesta a todo esto no es menos sorprendente. Nuestro cuerpo nos escucha y envía a nuestra mente la instrucción (eres débil / eres fuerte) y nuestro organismo actúa en consecuencia.

Desde entonces me propuse firmemente elegir bien mis palabras a la hora de comunicarme con otras personas. Si tu brazo se tuerce cuando dices «soy débil», tu mente genera dependencia y también genera estrés cuando dices «necesito». Y es que no es lo mismo necesitar algo a quererlo.

Esto es algo mucho más importante cuando tienes un rol de liderazgo en un equipo. Un líder que «necesita» es un líder débil. Porque su liderazgo depende de una necesidad que inconscientemente deposita en los demás. Si la otra parte no cumple, su brazo se viene abajo, como en la prueba. No es lo mismo decir «necesito que me llames» a decir «quiero que me llames». Una frase te ubica en una posición débil, la otra te mantiene en una posición de control.

No soy ni pretendo ser un profesional de la conducta. Todo lo que comparto se basa en mi experiencia a base de errores (muchos) y aciertos (unos pocos). Así que me tomo la licencia de darte un consejo que no me has pedido:

Reflexiona sobre cómo eliges tus palabras a la hora de hablar con los demás y tu propio diálogo interior. Identifica y diferencia claramente lo que «quieres» de lo que «necesitas».

Tu capacidad de liderazgo, trabajo, capacidad de negociación, influencia y en consecuencia, tu felicidad puede depender de ello.

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