El conocimiento es un motor parado que sólo se pone en movimiento con la actitud

En mis 20 años de trayectoria profesional he tenido la fortuna de rodearme de grandes profesionales. Personas que me han ayudado de una u otra manera a ampliar mis conocimientos, elegir mi camino y por qué no decirlo, a equivocarme para aprender de la experiencia.

Vivir en una sociedad con una cultura tan competitiva te da la sensación de que a veces, sin darte cuenta, te encuentras en una carrera. Desde pequeños, nos inyectan mensajes que marcan nuestra vida, casi sin darnos cuenta aceptamos ser partícipes de esta competición y empezamos a prepararnos para el gran día, ese día que el semáforo se pondrá en verde y; con un título que mide la potencia de nuestro motor y una orla colgada en la pared, la carrera dará comienzo.

Impartir acciones formativas a empresarios/as y profesionales que buscan una especialización en competencias digitales siempre me sirvió para poder comprobar hasta qué punto es importante disponer de ese motor de conocimiento que te permite progresar en cada etapa. Pero es ahora, que tengo el privilegio de acompañar a jóvenes graduados que buscan iniciar su primera carrera en esta competición llamada «vida profesional», cuando asisto como espectador de excepción a la importancia que tiene inculcar a nuestros jóvenes una actitud adecuada.

También compruebo cómo personas que, en algunos casos no tan jóvenes, no consiguen poner en marcha ese motor. Sufren el error de actitudes que no les permite salir de la mediocridad en la que viven instalados. Miran su currículum con orgullo, hablan idiomas y manejan las redes sociales y aplicaciones móviles con un nivel propio de un especialista. Proyectan capacidad, especialización y conocimiento. Sin embargo, cuesta agregar hitos o proyectos en la zona «Experiencia Profesional» de ese CV que tenga una duración superior a 6 meses y de la que puedan sentirse orgullosos.

La vida es una carrera en la que siempre habrá vencedores y vencidos. Tu motor debe estar engrasado, tu título bien colgado. Pero no puedes colgarte en la pared junto a él. Debes estar en aprendizaje continuo, tener la humildad de confiar en respetar a quien te ofrece la oportunidad de seguir creciendo. Adoptar una actitud que te permita descubrir el potencial que hay en tu motor para después, compartir con el mundo (quién sabe, si a través de tu propio proyecto empresarial) lo que has aprendido de tus victorias y derrotas.

El programa máster que dirijo termina con una clase llamada «la entrevista». En ella mi compañera y yo ponemos a prueba las denominadas «habilidades blandas» de nuestros alumnos. Me sorprende comprobar como alumnos que durante todo el curso muestran un crecimiento muy elevado en cuanto a conocimientos; se vienen abajo y son incapaces de mirarte a los ojos y defender las capacidades de su «motor» adecuadamente en un cara a cara. De igual manera, otros perfiles, menos cualificados en la propia materia, se desenvuelven en esa situación sin problemas y explotan sus conocimientos (más reducidos) alcanzando mejores puntuaciones y mejores cotas profesionales meses después.

Sin duda, el conocimiento es un motor parado que sólo se pone en marcha con nuestra actitud.

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