Lo andaluz, sino es para hacer reir, no tiene ni puta gracia.
Esa ha sido la llamativa respuesta que hemos visto en redes sociales sobre el estreno de la producción de Movistar + «La peste».
Algunos paisanos cuya residencia y origen se ubica de los Pirineos para abajo, se quejan de los problemas que tienen para entender a los actores de la que en mi opinión, es la mejor serie hasta la fecha producida en España.
No encaja, no tiene gracia. ¿Debe ser gracioso? Si. Si no, no se entiende.
Que Andalucía es cuna de los más grandes personajes que forman parte de la historia de España, es una verdad incómoda que hace bueno ese dicho que argumenta aquello de: «hay amigos que te quieren mucho, hasta que los superas o se sienten superados». Es una verdad tan auténtica, que no voy a malgastar mi tiempo en poner ejemplos para justificarlo.
Esta corriente de comentarios que acentúan como aspectos negativos todo lo que, como andaluz no es válido si no lleva traje de bufón, debería llevar a todos los que nos sentimos orgullosos de haber nacido en la tierra de un tal Antonio Machado o de Lorca, a una profunda reflexión.
Los andaluces tenemos que levantarnos. Y no para pedir tierra y libertad precisamente. Tenemos que levantarnos para creernos de una vez por todas que el talento, la cultura y el éxito sólo llega si crees en tus posibilidades y la de tu entorno.
Como empresario y andaluz cada vez más, me molesta el trato hipócrita, injusto y humillante que sufre nuestra tierra. Pero me jode más como los propios andaluces lo aceptamos e incluso nos mofamos de nuestra tierra. No puedes ser empresario en Andalucía sin escuchar expresiones del tipo:
«Hay que tener en cuenta que estamos donde estamos, no podemos pretender cobrar lo que se cobra en el norte o Madrid»
«Para jugar en primera, debes ir a Madrid»
«Sevilla es un pueblo grande»
«Estamos en Andalucía, y este es el nivel que hay».
El por qué, generaría un debate que no cabe en este blog. Pero creo que el cambio se inicia en la actitud. Los andaluces debemos iniciar el cambio que queremos ver en los demás. Hay que empezar a creérselo y seguir a los líderes andaluces que nos demuestran que podemos y debemos levantarnos para convertir nuestra tierra en un lugar de oportunidades para el talento que hay. Referentes no nos faltan, nos faltan apoyos y fe en nuestra gente. Sobre todo por parte de los que toman decisiones.
La Peste nos refleja parte de la historia de una Sevilla sucia y deprimida del siglo XVI. Una ciudad que bien podría ser cualquiera de las provincias andaluzas en las que, desde pequeños no paramos de escuchar la palabra «paro», «la cosa está muy mala», «búscate un trabajito» o «para estar bien, sácate unas oposiciones».
Estoy cansado.
No tiene gracia, ni puta gracia.
Estoy cansado de escuchar que para triunfar tienes que irte fuera.
Es evidente que si el talento se tiene que ir, es que no hay talento para generar oportunidades y retenerlo.
Dicen que si quieres obtener resultados distintos a los que has tenido, debes hacer cosas diferentes. Llevamos muchos años en Andalucía en la misma dirección. Con una administración que enmascara un supuesto apoyo empresarial con subvenciones que luego no son tales. Una mega-infraestructura clientelar creada para mantener dormida a una sociedad válida.
A muchos se les llena la boca hablando de «la gente de Andalucía». Gente cercana, acogedora, jovial… y muy graciosa.
Pues a mi no me hace ni puta gracia.