De vez en cuando veo el vídeo de mi boda.
Sí. Soy de esos.
Me hace feliz volver a ver a toda mi gente celebrando la unión de dos familias que, aquella noche, decidieron convertirse en una. Ver a mis hijos acompañándome, tal y como había imaginado antes incluso de que llegaran a mi vida.
No recuerdo muchos días más felices.

En algún momento del vídeo aparece mi sobrino con un cartel. Yo no lo recordaba. Probablemente ni lo vi aquel día.
Decía:
La respuesta es amor. No importa la pregunta.
Hoy me he acordado de esa frase por un vídeo que quizá también hayas visto.
Un niño recibe por su cumpleaños una piñata con forma de Spiderman. Le dan un palo y le explican lo que toca hacer: golpearla hasta romperla para quedarse con los regalos.
El niño apenas hace el gesto.
Mira a Spiderman. Lo vuelve a mirar. Y parece entender algo que los adultos llevamos demasiado tiempo empeñados en olvidar: no quiere hacer daño a quien, en su mundo, protege a los demás.
Tira el palo.
Y abraza a Spiderman.
Aquí lo tienes:
Hay personas que llegan a mayores sin aprender tanto como ese niño en diez segundos.
Al verlo, recordé el cartel de mi boda.
No importa la pregunta, el amor es la respuesta.
No como una frase bonita para una taza. Como una manera concreta de estar en el mundo.
Elegir no hacer daño cuando podrías hacerlo. Ayudar sin calcular antes si te lo devolverán. Cuidar a quien trabaja contigo, a quien confía en ti, a quien está cerca cuando las cosas van bien y cuando no van tan bien.
No garantiza que todo te salga bien. Eso sería una mentira.
Pero sí evita que acabes convirtiéndote en alguien a quien no reconoces mientras intentabas llegar.
Vivimos tiempos de ruido, de trincheras y de gente demasiado convencida de que ganar consiste en humillar al otro. Quizá por eso conmueve tanto ver a un niño negándose a golpear a su héroe de cartón.
Aquella noche, a las dos de la madrugada, se me humedecieron los ojos viendo tanto amor reunido en un mismo sitio.
Hoy sé que no era solo emoción.
Era perspectiva.
Permíteme compartir contigo la fábula que leyó mi amigo Manuel Moncayo en nuestra boda. Solo el tiempo, al parecer, termina por enseñarnos cuánto importa el amor.
El amor
y el tiempo
Había una vez una isla muy linda, de naturaleza indescriptible. Allí vivían todos los sentimientos y valores del hombre: el Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría… y también el Amor.
Un día se anunció que la isla estaba a punto de hundirse.
Todos prepararon sus barcos y partieron.
Únicamente el Amor se quedó esperando, solo y pacientemente, hasta el último momento.
Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor pidió ayuda a la Riqueza.
—No puedo. Llevo mucho oro y plata en mi barca y no hay lugar para ti.
Después pidió ayuda al Orgullo, que navegaba en una magnífica barca.
—Aquí todo es perfecto. Podrías arruinar mi barca. ¿Cómo quedaría mi reputación?
La Tristeza se acercó entonces.
—Estoy tan triste que necesito estar sola.
El Buen Humor pasó frente al Amor, tan contento, que ni siquiera oyó su llamada.
De repente, una voz dijo:
—Ven, Amor. Te llevo conmigo.
Era un viejo. El Amor estaba tan lleno de gozo que se olvidó de preguntarle su nombre.
Al llegar a tierra, el viejo se fue. Entonces el Amor preguntó al Saber:
—¿Quién era ese que me ayudó?
—Ha sido el Tiempo.
Porque solo el Tiempo es capaz de comprender cuán importante es el Amor en la vida.